El entorno

Del árabe Qaryat al-Kantar,
que significa «puente y paso hacia la alquería»

La casa está en el corazón de Quéntar, junto a la Iglesia y la antigua mezquita. En el barrio de las Paratas, de callejas estrechas y pendientes acusadas. Un pueblo blanco, de sierra, volcado sobre las huertas que beben del río Aguas Blancas; recogido en silencio sobre sí mismo y su memoria y aislado por una barrera invisible de una cercana y bulliciosa Granada.

 

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Historia

Los primeros registros sobre el asentamiento de Quéntar datan del período nazarí y, tras la toma de Granada, como toda la zona, quedaría marcado por la represión y la sombra de la expulsión de los moriscos. En 1566 Güejar, Dúdar y Quéntar se adelantan a la rebelión de Abén Humeya que daría lugar a la guerra de las Alpujarras (1569-1571). Como consecuencia de su derrota, todos los habitantes del pueblo serán deportados en 1570 y dispersados por Castilla y sus bienes confiscados y entregados a la nueva población de cristianos viejos que, en 1572, colonizarían de nuevo el pueblo. Ahí empieza Quéntar su nueva vida. Sin embargo, como predestinado por su escarpado entorno, será también frente de batalla durante toda la Guerra Civil y aún mucho después sus valles y montañas ofrecían refugio seguro para el maquis. Pero la historia no la escriben sólo las guerras. Se escribe en otros tiempos: el río que talla el valle o la hazada que día tras día muerde la tierra. Y si la memoria queda de tiempos revueltos, también los árboles cuentan otras historias que nos conectan a comprensiones más profundas y de latidos más amplios.

Naturaleza

El valle de Quéntar esconde su espíritu en el discreto deslizarse del río Aguas Blancas, a cuya vera se abren las huertas que dan vida a los pueblos de Quéntar y Dúdar. Con un paisaje a primera vista agreste y árido, junto al cauce todo se hace vergel. Entre las hazas emergen aljibes y manantiales que siguen vertiendo generosamente el agua de la sierra para placer de la tierra y del oído. Si nos atrevemos a desear las alturas, el desafío se verá seguro compensado al ganar altitud y volcar hacia el valle de Güéjar y la vista de las grandes cumbres de Sierra Nevada. Y abajo, siguiendo el rastro de los caminos, serpentea por el valle el camino mozárabe de Santiago. Estamos entre el Parque Nacional de Sierra Nevada y el Parque Natural de la Sierra de Huétor, un enclave ideal para perderse y no quedar nunca saciado. Aquí dejo algunas rutas y es posible contar también con un guía local. Para el verano un chapuzón en las pozas o el pantano y durante el invierno será sin duda la nieve, la gran protagonista. Para los aficionados al vuelo, a sólo 6km, en Cenes, se encuentra el despegue de parapente.

Comunidad

Valgan unas referencias como orientación, pero la invitación es a aventurarse pueblo adentro para ir conociendo el pulso vivo de este lugar agarrado a la montaña. Para abastecernos contamos con el excelente pan bio y artesano de una cooperativa de panaderas, productos de huerta ecológicos a través de un hortelano del pueblo que provee también a las tiendas ecológicas de Granada y hay dos pequeños supermercados. El pescado nos llega en furgoneta a la voz de “pescaeroooo” tres días en semana y, si exigimos productos ecológicos, podemos completar nuestra cesta en El Herbolario de Cenes y, algo más abajo, en El Ecosúper (Granada). En el mismo pueblo existen varios artesanos y una terapeuta que da sesiones de Shiatsu. Hay un consultorio de salud, farmacia y una biblioteca cuidadosamente atendida. Y en las cercanías está el laboratorio Labiatae (también punto de venta de sus productos), pionero en la elaboración de aceites esenciales ecológicos elaborados a partir de aromáticas cultivadas 12km más arriba, en el imprescindible valle del Tocón de Quéntar.